Cianuro en el taller

Seguro que muchos os habéis planteado a menudo cómo se escaneaban las fotos en color antes del escáner. Hoy los procesos digitales nos permiten incluso vivir sin separaciones CMYK, pero hasta hace nada era imprescindible pasar por el escáner. No hablo de escáneres planos, sino de esos inmensos tambores de cristal que giraban a gran velocidad para leer las diapos de 35mm o los súper originales de 6×6 que enviábamos con mucho miedo… Mandabas originales y recibías separaciones con prueba de color, así de simple :-D. A continuación empezaba un ritual que al principio me parecía magia negra: el director de arte miraba la prueba de color y decía que “aquí le sobra un 15% de magenta, aquí un 10% de allo…”, y se mandaba todo de nuevo a la fotomecánica para ajustar. Una y otra vez hasta que la combinación de cuentahilos y ojímetro daba por bueno el resultado.

trama

¿Y cómo se hacía antes del escáner? En blanco y negro era fácil, se metía el original en la repromaster y se reprografiaba (con una máscara de trama si era necesario) al tamaño deseado, un proceso fotográfico con una cámara inmensa de 1 metro cúbico de volumen (buscad Agfa Repromaster y veréis).

El color era otra cosa. Ahora lo damos por hecho, pero en su momento conseguir transferir una foto en color a la imprenta no era, ni mucho menos, fácil. No podíamos meter el original en la repro y sacar directamente las separaciones, así que entramos en el terreno de la óptica y la teoría básica del color. El operador tenía que reprografiar la foto poniendo un filtro rojo, verde y azul para obtener las separaciones cian, magenta y amarilla. El filtro rojo dejaba pasar los cianes, generando la separación del cian, su color complementario, y así sucesivamente. Luego el negro se obtenía de varias maneras, bien a partir de la separación cian con algunas variaciones (a veces se invertía, a veces se contrastaba…), bien a partir del contraste de la suma de las separaciones…

Cada separación tenía que ser generada también con la máscara de trama correspondiente a la resolución final (recordemos los ppp) y, lo que era mucho más importante, el ángulo de trama correspondiente a cada separación: 15º, 75º, 0º, 45º para evitar el efecto Moiré. Ahora entraba la magia negra del jefe de taller, que decidía si la separación estaba correcta. Si su densidad estaba por debajo de lo esperado, tocaba hacer una nueva separación. Si estaba por encima, había que retocar la separación para “comer el punto”… y para ello se utilizaba una solución de cianuro, un pincel, alcohol, secante y mucho tacto. Se miraba por el cuentahilos, se pintaba con el cianuro y se esperaba a que hiciera efecto, con cuidado para neutralizarlo antes de que se comiera demasiado el punto y hubiera que repetir la separación!

cianuro

Ahora podemos entender por qué el escáner fue recibido como un regalo de los dioses. Afortunadamente hoy solo necesitamos aplicar una LUT (Look Up Table) y un poco de conocimiento.

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