El síndrome de la hoja en blanco

El síndrome de la hoja en blanco es el pánico a empezar algo, una parálisis psicológica inherente al principio del proceso creativo. Se llama así porque todo proceso creativo empieza con la nada, y en la mayoría (aquellos que involucran a escritores, pintores, creativos publicitarios, diseñadores gráficos e industriales…) empieza delante de una hoja de papel en blanco que queremos llenar con las mejores ideas. Pero al principio es la nada, y enfrentarnos a la nada, al vacío, causa angustia, miedo a que no se nos ocurra nada. Por lo menos me la causaba a mí, sobre todo al principio de mi carrera, cuando al síndrome en sí se le juntaba la inseguridad del principiante. No sabía si lo que iba a crear iba a ser suficientemente bueno, atractivo o eficiente… Luego supe que le pasaba a casi todo aquel que se enfrentaba a la creación, da igual si era escritor, pintor, creativo publicitario o diseñador gráfico, lo cual no me consolaba pues ya sabéis que mal de muchos, consuelo de tontos.

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Así que toda idea empieza de la nada, de la página en blanco, y la cuestión es evitar que esa página nos devore para ser capaces de crear algo de lo que estemos contentos, o por lo menos que cumpla briefing ;-D. Será nuestra capacidad, oficio y conocimientos, nuestras técnicas heurísticas y la información que recibamos los elementos que nos llevarán a un concepto, una idea y un resultado. Un trabajo que en ocasiones es en equipo, pero para el creativo supone una pequeña travesía por el desierto. Hay momentos en los que las ideas fluyen, otros en los que desaparecen, pero nunca sabremos cuándo vendrá la iluminación. Eso, sí, como decía Picasso, cuando venga, que nos pille trabajando.

La inspiración existe, pero no viene por casualidad. Lleva mucho trabajo, mucha dedicación tener ideas válidas, y es tan importante tenerlas como reconocerlas. De hecho, a veces es bueno descartar la primera idea por sistema, o confrontarla con las siguientes. Ya hablaremos de técnicas heurísticas, pero a mi modo de ver lo más difícil no es tener ideas, sino conseguir el criterio para reconocer las buenas, o las que pueden funcionar mejor. Empezaremos con bocetos, garabatos usando un lápiz y un papel (en blanco ;-D), y llegaremos a algo, que iremos desarrollando poco a poco.

Uno de mis primeros jefes me dijo que “en este oficio el que se lo curra un poco es el rey del mambo”, y cuanto más tiempo pasa, más razón le doy. No se es diseñador o creativo por hacer un curso o terminar una carrera, eso lo que enseña es oficio. La creatividad va con la persona, pero se puede aprender, desarrollar y pulir con trabajo, tiempo y buenos consejos, y luego sacar criterio para autoevaluar y autocriticar nuestro trabajo.

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